Profesor:Francisco Javier Perdomo Londoño
La victoria de Gustavo Petro en el año 2022 hizo que su discurso centrado en la lucha de clases tomara mayor visibilidad entre el pueblo colombiano, quien fue finalmente el que lo eligió. De esta manera, la presidencia de Petro asumió como pilares de su gobierno la promoción de reformas sociales —pensional, laboral, salud y educación—, que en su intento por salir adelante se han “estrellado” contra el muro legislativo.
La última de esas “estrelladas” fue la reforma laboral, que contenía numerosos elementos orientados a favorecer al trabajador colombiano. No obstante, muchos sectores consideran que no ataca los problemas estructurales del empleo, como la alta informalidad.
Adicionalmente, desde el Congreso se insistió en que dicha reforma no era viable, basándose en un estudio del Banco de la República que advertía que la propuesta podría no generar empleos, sino más bien provocar la pérdida de alrededor de 400. 000 empleos, agravando así el desempleo y la informalidad laboral.
Ante esto, el Congreso decidió archivar la reforma laboral, lo que generó un nuevo bloqueo institucional y legislativo para el Ejecutivo. Como respuesta, el Gobierno impulsó una consulta popular, cuyo trámite en el Senado de la República no prosperó, lo que ha profundizado la crisis institucional entre el Gobierno y el Congreso.
Pero ¿por qué dicha consulta ha generado tal crisis? La consulta pretendía preguntar al pueblo colombiano si estaba o no de acuerdo con la adquisición de distintos derechos laborales, como jornadas de trabajo más justas y contratos a término indefinido, entre otros, todos enfocados en beneficiar y proteger al trabajador colombiano y recuperar derechos laborales perdidos en años anteriores.
Con el hundimiento de la consulta popular, han surgido múltiples explicaciones. Entre ellas, se destaca la excesiva confianza del Gobierno, traducida en la ausencia de un congresista de un partido afín, cuya votación habría sido decisiva. También se ha señalado la mezquindad del Senado, que, pensando más en proyecciones electorales que en el bienestar de los trabajadores, optó por no apoyar la iniciativa.
En síntesis, considero que la principal razón del fracaso de la consulta fue que tanto el Gobierno y sus congresistas como la oposición politizaron la votación, viéndola como un espacio estratégico de posicionamiento rumbo a las elecciones de 2026. En ese juego político, se dejó de lado el propósito real de la consulta: mejorar las condiciones del trabajador colombiano.
Ahora bien, con la consulta hundida, la pregunta es: ¿qué viene para el Gobierno y para la oposición? ¿Qué alternativas quedan para evitar que los trabajadores sigan siendo los más afectados en esta batalla de egos políticos?
En este contexto, la única alternativa real es aprovechar que el proyecto de reforma laboral, aunque archivado, fue revivido gracias a una apelación de varios congresistas. El Gobierno tiene dos caminos:
Apelar a la movilización ciudadana, como ya ha mencionado la Presidencia, presionando al Congreso desde la calle.
Aprovechar el resurgimiento del proyecto para buscar consensos reales con el Congreso, centrando la discusión en los derechos laborales y no en estrategias políticas.
En cuanto a la oposición, su papel debería ser impulsar una reforma laboral justa que se convierta en Ley de la República, y que efectivamente proteja a los trabajadores.
Para finalizar, considero que el hundimiento de la consulta popular, si bien representó un golpe político para el Gobierno, no significa una derrota definitiva. Por el contrario, podría ser el inicio de una nueva estrategia hacia las elecciones de 2026. Así lo demuestra la propuesta de una consulta popular 2.0, que incluye preguntas sobre salud y ha venido acompañada de nuevos llamados a la movilización social por parte del Ejecutivo.
Así como este escrito, esta historia... continuará.
Universitaria de Colombia
